La especialización va primero. Una agencia que solo enseña tiendas online no es la misma herramienta que una que vive de reuniones B2B. Lee los casos que publican y mira si el cliente se parece al tuyo. Si todos los ejemplos son de ecommerce y tú vendes un servicio a otras empresas, la ficha no te sirve aunque el diseño sea bueno.
El precio publicado va segundo. Si la web no dice un suelo, anota "no publicado" y no inventes el hueco. Un "desde" con una cifra es mejor que un formulario que esconde el rango hasta la tercera llamada. Compara suelos, no adjetivos.
La cuenta publicitaria va tercera. Pregunta, y busca en la web, de quién es el Business Manager. Si la agencia pauta en una cuenta suya, el día que te vas te llevas cero histórico. Si la cuenta es tuya desde el alta, el cambio de proveedor es un acceso que se retira.
La permanencia va cuarta. Un contrato de doce meses para "dar tiempo al algoritmo" te ata antes de saber si la oferta funciona. Un tramo de 90 días con una lectura a día 30 y a día 60 te deja salir si el comercial rechaza las reuniones. Anota el mínimo que escriben, no el que te cuentan por teléfono si no está en el contrato.
La definición de lead va quinta. Para unos, un lead es un email. Para otros, una reunión en el calendario. Esas dos entregas no cuestan lo mismo y no sirven para lo mismo. Si la agencia cobra por lead y el lead es un formulario flojo, vas a pagar volumen. Si cobra por reunión que tu equipo acepta, el incentivo se parece más al tuyo.
La garantía va sexta. Lee la letra. "Garantía de resultados" sin decir qué resultado, en qué plazo y qué pasa si no llega, es un adjetivo. Si no devuelven dinero ni rehacen el trabajo, no es una garantía. Apúntalo como lo que es.
La sede y el idioma van al final. Un equipo en España que escribe en español de España importa si tu comprador es de aquí. No importa más que la cuenta y el precio. No descartes por la ciudad si el resto está publicado y encaja. Descarta si no puedes hablar con quien lleva la cuenta y solo con quien vende el contrato.